lunes, 5 de marzo de 2012

Alejandra Méndez




Acracia

Punzan las palabras
(Mar/pesan) los troyanos.

Sólo hasta recorrer caminos
Y crepúsculos/ culpamos al destino.

Todo es un secreto desvelado.

Repetir/ manzanas y naufragios.

Acracia del otoño/ el mejor sueño
Del hombre.




 ......






Tal vez porque sinmí

la noche o el sendero o el árbol goteaban
pero no. Al destierro le siguen caminos,
al brusco verdeazul de la tierra tardeclara
y plenitud.

Del alba de los pájaros,
de la lluvia su fulgor de espumas
que amanece urgiendo desde el centro
la raíz la sombra el desatino
y se levanta la piel
de los muertos como escamas
de sol adormecido.

Tal vez porque sinmí es tarde ya para mañana
es tarde ya para aquellos frutos que nada saben
del destino.




 .....







Era de Francia

el ramaje inaugural del padre.

Ese adentro quebrar
de voces como
quien traga la tierra.

Las manos fascinadas por el arte
se mecían al sol,
irrisorias.

Hutspot en la mesa servida
del domingo.

Mudanza de los ríos
en los ojos
que ya no ven.

Rara procesión de tormentos
de la guerra.

“Para qué vivir en blanco,
cuando la vida es roja” –decías–
olvidando el desparpajo
 de la muerte.

Vuela la triada
de san Juan de Luz
 inundada de verdor (hayas, brezos, robles,
tejos, castaños, abedules)

Yo encarno los secretos
toscos y huesudos
de los rasgos.

Y aún los veo reunirse
adecuos al temor o a la virtud.

En el patio trasero
del recuerdo –sustraídos–
hablando de sus hijos.




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