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domingo, 19 de agosto de 2012

Notas a "cadencias", por Marta Ortiz


Agradezco acá la lectura que Marta Ortiz hizo de cadencias:

"La imagen de tapa es una escalera que baja (o sube) a puro vértigo un piso y otro y otro, como también la lectura de los poemas lleva a subir (o bajar) los umbrales temáticos que propone cadencias, poemas que en pocas páginas condensan el intenso recorrido de una vida".  

Pueden leer las notas completas en su blog Vuelo de noche.







lunes, 9 de abril de 2012

Una lectura de "cadencias" por Javier Galarza




Lo que sigue es una lectura de cadencias, el libro de Valeria Cervero, a través de las siete palabras que dividen las agrupaciones de los poemas: laberinto - espejos - guía -  abrigo - juegos - lengua - duración.



Foto de Catalina Boccardo.
La figura arquetípica del laberinto suele introducirnos en un dilema tan mítico como existencial, «como en el viento/ el día afuera del ser». Aún así se vislumbra una salida: «caminos sin cuándo/ y una voz/ que guía/ desencuentros/ en el final de cada cuerpo».



Los espejos son ese espacio de alienación donde el sujeto se constituye desde fuera (Lacan), donde «Yo es otro» (Rimbaud), donde, según Borges, «los espejos y la creación son abominables porque multiplican el número de seres». En cadencias los espejos y su «imagen-precipicio» y algo que llama a callar: «días en que sólo soy un silencio. / este». Ante la intemperie que propicia el poema necesitamos abrigos momentáneos, cobijos parciales, donde una palabra se hace guía o hilo de Ariadna para salir del laberinto: «la madrevoz advierte…/ y decidís tu cuerpo/ aunque desmadre».



La lección del juego es la instancia más alta en la filosofía de Nietzsche o Bataille: «frente al pequeño respiro azul/ en el espacio/ sin espejos/ sólo se puede/ ser/ el propio ausente/ olvidadiós/». Juego del carretel donde la destrucción del dios gramática nos posiciona en un nuevo lugar en tanto usuarios de la lengua: «tar tamu deces/ siempre/ pequeña imagen/ sindecir,/ a menos que/ Espanto/ irrumpa». Y pese a que «apenas partimos / y casi creemos decir lo nuevo/ pero solo decimos/ nuevamente», es la poesía lo que instaura un nuevo discurso, un nuevo emplazamiento, una nueva posición en el mundo.



Queda una última instancia: la de la duración. Somos temporales y, en tanto haya un final, habitar o vivir es imprescindible: «un pacto/ pleno/ de estar// ahí».





Javier Galarza

8 de abril de 2012