sábado, 13 de abril de 2013

Carlos Battilana








¿Cómo despedirse de un Padre?


Mi padre muere.
Aturdidos por el trabajo
creemos que el mundo
es estable.
Algo hacemos
para salir
de lo Oscuro
y buscamos
con sordidez
otra vez
las horas
contadas
recogemos oxígeno
de donde sea
y así
exorcizamos
con palabras
lo que resulta ruinoso. El mercado
el tráfago las personas
que besamos a diario
“nos contienen”. Desbandados
no somos nadie,
errabundos del sistema
arrancamos con manos
callosas los pedazos
de un Ser que es un Río
lleno de imágenes acuosas.
Al fondo
el vidrio de un edificio
que absorbe
la luz de las 6
de la tarde
–congelada, invernal
probablemente
nos mira. Escruta
con alguna oportunidad
nuestros pequeños pasos.




 

Consuelos



Bajo el peso de muchos objetos
soy una sombra
que lejos de desear
administra
las horas.

En ese estado
donde tiene más lugar
el ruido de las cosas
que el silencio
de las palabras
vivo sin saber
si
las aguas van o vienen.

Lo amable
de esto
no se comprende. Oriento
mis brazos
al oscuro mal
de lo monótono
y nadie admite
–ni siquiera los ausentes
que es el único camino.

Como una luz fatal
la antigua tradición
seguramente
concibe
en la conciencia de este quebranto
un acto
de belleza.






Arbustos


Sobre esta debilidad
en la que el viento
ha hecho su trabajo,
boqueando
como si las arañas
trajeran en sus
minúsculos cuerpos
arbustos, parvas,
troncos puntiagudos,
sobre este desecho
como si todos los animales
absorbieran
la sangre ajena,
rehago mi cuerpo, sin piernas,
sin brazos, arrancados
de raíz,
apenas perdura la cabeza,
su inteligencia
quemada
y trazo un número
un signo
aquí
en esta playa del Sur,
sin nadie,
solos, haciendo
de los símbolos
nuestra comida
huyendo de los verbos
conservar
cubrirse
preservar

En estos momentos
la piel ajada de los días
elige la Ley de la obediencia,
su música
capital

No
no queremos
esa muerte dudosa
sino la tierra ligera del viento




 

De Materia, Vox, 2010; 2a ed., Sofía Cartonera, 2012.
 








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