domingo, 6 de octubre de 2013

Gabriel Gómez Saavedra




Una yegua


Con el esqueleto adelantado
y la pata atascada
está.

La yegua
convocando a la última línea del aire
comienza a parir.
Nosotros
hábiles en posterizar
el caníbal del presente
le apuntamos
con las cámaras de los celulares.

Las sombras de las moscas
sudan
carro arriba
el único círculo de fiel arrimada.
La naturaleza
descabezada
ha reproducido el suyo
y puebla el ecosistema
del desamparo.







Desmonte


Era la tensión partida como de lágrima.
Flecha flechando y flechada en la memoria de los sonidos primarios.
Era enramándose el salto.

Era una corzuela.

 
Cuando la topadora puja
va por la reversa de las nervaduras
y el seno sofocado de las savias
cae
alimentando al engendro desorbitado
de los fuegos.
 
                                                                La soja ya puede abrir.


Que sea el polvo bajo los polvos
y en los remolinos sean los vacíos.
Y sea la espina
saludable en la carencia
con sus ciegas lacradas y de pie.

Sea lo perdido.

                                                                        Era una corzuela.







De Escorial, Huesos de jibia, 2013.







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