lunes, 16 de septiembre de 2013

Concepción Bertone






Esperando la nieve



                                          a Glauce Baldovín, in memóriam


Todos dicen que va a nevar en la ciudad.
Todos quieren ver en la nieve algo nuevo,
algo raro y ligero porque
no sabríamos convivir con eso.  El rostro
del otro es nuestro rostro y el hielo de la nieve
lo refleja. Pero nunca cayó. Sólo piedras
de hielo y algo de la tempestad
que destruyó a los árboles. La tarde
se hizo noche y el cielo
me develó  el humor de los pájaros, la tijera
de una bandada ruidosa
buscando dónde anidar.

Y nada
que no supiéramos –salvo volar
nos pasa.  La nieve
cae siempre en otra parte.

El derroche es una ley
del arte y de la naturaleza apaleada. Siempre
hay tiempo, tibiezas
de Barragán antiguo, enaguas de jerga,
lienzos bordados por mi abuela
contra la guerra que,
en ese hacer sumida, florecía en la tela.
Flor rebelada contra la nieve
que había que cavar para ver la luz,
el suelo fangoso que dejaba la pala
enterrando la bala del cansancio
que le hizo estallar una noche
el corazón.

El tuyo, el de ella.  Se supone cordial
la huella del pespunte, el hilván,
la mirada ciclópea de la aguja, lo que cava
la pala cuando siembra. El filo del papel
o del hilo. Se supone cordial
entre los yuyos donde se afila un lirio
no pisar su destino de cuchillo

salvando una parte
de un día de pesar.

Del peso del avatar, de ese mal
expresado nombre
de lo adverso. Reverso
del candor, cuando te mata. 







 
Marcas de agua

                                       
                                           A mi nona Concepción, in memóriam




Marcas de agua del ser gentil que trama
en la piel la textura y en los ojos
el mismo tinte, el tono que ascendiente
convino a mi mirada y a mi vida
sin tersas luces, sin la caricia fría
de la más tersa luz.

Cómo decirla.
Si en la ternura hija de la esquirla,
no de la esquirla como imagen vana
sino de la real, la verdadera
parte del hueso leso y lacerante
se yergue, se rehace, se repara
como hueso en el yeso,
como escara
que ha cosido la herida con un tajo.

Ella soy yo.
Su sino su manera, su don
y su carencia. Los de afuera
de palo, y los de adentro
de su entraña. Huésped
pequeña de su instante, grave
raíz de su prodigio: ese momento
dove ancora tu sei. Y yo me encuentro
con tu ser de mi ser. En ese traje
de tu ser
que me cabe como un guante.



 
De Esperando la nieve, Ciudad Gótica, 2013.









 

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