sábado, 1 de enero de 2011

Luciana Mellado

La primera patria

Hoy recuerdo el mejor lugar
en la sombra de la infancia.

Las hojas de esos árboles son las mejores


albergan toros luminosos
que la tormenta no ensombrece.



Que te salve


que te salve del charco
del agua
del estanque

que te salve del ruido
de las ranas
la ira

que te salve de abrir la boca
siempre


como si quebraras el silencio
del mundo


(De Crujir el habla, 1a ed.: Botella al mar, 2008; 2a ed.: Peces del desierto, 2010.)



I

Los murmullos de la historia tienen voz familiar
vienen de la morada
de la casa propia.

Son visitas debidas que alguien debe hacer
de algún modo
en algún momento
sin el gusto necesario
de intuir / desear
una respuesta.

A veces con las manos también
se zafa de la muerte
pero lo dicho no siempre dice algo.



XV

no con flores del aire
en vísperas del viento
baja

pero con padre sí
filtrado en las junturas

pero con ojos sí
de húmeda lumbre
dos piedras derretidas en azúcar
que sostienen el mundo

pero con manos sí
que pintan las paredes
el vuelo en guarda de pájaros celestes
el pan lleno de pan
de madrugada

no con flores de viento
en vísperas del agua
baja

pero con niña sí
que se trepa al pelaje
del día
y el incendio.



(De Aquí no vive nadie, El suri porfiado / Peces del desierto, 2010.)

3 comentarios:

  1. Querida Vale, pasaba a leerte y me encontré con que colgaste mis versitos. Gracias por invitarme a tu casa de mordiscos!!! Si estuvieran en mi patio estos textos estarían moviéndose como fantasmas abajo de la tormenta. Abrazos de los dos, mientras esperamos que la masa para las tortas fritas se levante.

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  2. Genial encontrarse con estos panes hechos de poema en el blog. Deliciosos! Abrazo a ambas!

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  3. qué bueno encontrar poemas de Luciana. gracias Valeria

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