jueves, 17 de junio de 2010

Jimena Néspolo

 

Un paracaidista se descuelga del último de mis cabellos
ni soñó ser Altazor ni el Uno ni el Cero de César
ni quiso gloria de muerte en  poesía postrera 
ni parió más que un verso lánguido  
ni inflado en suntuosas palabras apresó la poesía
ni en sencillismos
ni en silencios
ni en la nada   
la pudo

Cae amortajado en preludio de su muerte
el paracaidista cae
cae cuando la luna clava súbditas estrellas
a cada uno de sus costados
antes de su muerte cae
antes de su muerte acudirá al ritual de la entrega
la vida en cofrecillo de oro
un vaporoso y último aliento
brisa tórrida de lo que fue y no será  
el amor inventado en burbuja de olvido
las pasiones truncadas en rutinas de funcionario

La noche sombría
exhumando angustias
toda
toda la noche sombría
poco cuesta la risa de un malvado
y tan lejos están los pies de la cabeza
que al cabo siempre se tocan

Cae
antes de lamerle los reversos a la vida
morir antes de morir
que
que morir antes de morir 
que
que ni un paracaidista gusta en beber sus aguas 

 
Vuelve sobre mis pasos de mosca
Vuelve sobre mis pasos de mosca En la maceta una semilla ha explotado sin siquiera nacer Vuelve sobre mi piel de víbora Sin más abrigo que un cuero ajado por la dura intemperie (el frío le ha pasmado el pecho) Regresa a una casa de la cual no ha partido nunca Besa a su madre y a su padre Pide la llave de su celda Vuelve a su vuelo de mosca y emprende hacia los jardines sofocados de ausencia Al caer la noche el terror le desquicia el alma Besa a su padre, besa a su madre y a la llave de su celda
Jimena Néspolo, Incertezas, Buenos Aires, Simurg, 1999.

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